Allegory / Cuento / Fiction / Spanish

Esta era una vez


Había una vez una reina que tenía diez hijas, seis gordas y cuatro flacas. Como se trataba de un reino perdido en las montañas, no había una torre con señal para los celulares y la gente no tenía otra que comunicarse a gritos. Claro que en un reino así, los gritos eran muy variados y artísticos: habían gritos-rap, gritos-poemas, gritos a coro, y gritos individuales. Las hijas de la reina, naturalmente, se distinguían en estas artes, ya que siempre tenían alguien con quien conversar.

Las tres mayores eran trillizas flacas, excelentes bailarinas del hip-hop, y las tres siguientes, que eran trillizas gordas, las acompañaban con su rap que era entretenido e ingenioso. Juntas cantaban y gritaban tan fuerte que cualquiera las escuchaba por donde quiera. Las dos hermanas que les seguían eran la Infanta Flaca y la Infanta Gorda, nacidas con sólo once meses de diferencia, que se creían de lo más distinguidas y especiales, excepto cuando estaban peleadas. Estas chicas peleaban todo el tiempo:

__¡Sos gorda!

__¡Y vos sos flaca!

Bueno, en todo caso, las dos tenían voces maravillosas y estudiaban para ser cantantes de ópera.

Las últimas eran mellizas, muy guapas e inteligentes, estudiantes de medicina, que también tenían buena voz, sin embargo, no les gustaba cantar ni gritar, ni siquiera hablar demasiado. Las mellizas eran gordas. Y como las dos eran del mismo tamaño, ellas aspiraban a ser diferentes, como sus hermanas, como el resto de la gente que eran gordos o flacos o medianos, mientras que ellas eran iguales. Entonces, una de ellas estaba siempre a dieta.

Llegó el día en que la reina decidió que era hora de retirarse, y de nombrar a una de sus hijas como heredera del trono. A decir verdad, la reina planeaba irse al reino vecino, el reino de su prima que era un pais costero con buena recepción, donde todos los vasallos podían usar su celular a cualquier hora, y mirar televisión por 233 canales 24 horas al día.

De acuerdo con la tradición, se organizó un concurso en el valle central de la cordillera, para ver cual de las hijas podría gritar o cantar más fuerte. Pero como tiende a suceder en estos casos de concursos y herederos del trono, una conglomeración de multinacionales se preparaba para derrocar el gobierno y apoderarse de todos los bosques vírgenes del reino– para explotar la madera de caoba, los árboles de caucho, las orquídeas para extraer la vainilla natural y hasta el petróleo que corría bajo la tierra.

Cuando las hermanas se dieron cuenta de lo que sucedía, decidieron en ese momento formar un concilio de gobierno y no separarse. Así podrían hacerle frente a las compañías malévolas y proteger el reino y su pueblo. Pero justo cuando las diez hermanas debían firmar el acta de la nueva constitución– ¡qué horror! Faltaban las mellizas menores y nadie las podía encontrar.


__¡Mellizas!__las llamaban las otras hermanas a toda voz. __¿Dónde estáis?__ Nada. No hubo respuesta. Las mellizas se habían esfumado. Todo el reino se movilizó a buscarlas, cantando rap y echando poemas en cada esquina, cada montaña, cada valle y riachuelo. Hasta que la reina se ubicó en un cañon de la cordillera y cantó en su mejor voz: __¡Mis Gorditas queridas! ¿Dónde os habéis escondido, hijas mías?__ La reina cantó con tanto sentimiento que todos en el reino se emocionaron y se pusieron a llamar a las mellizas. __¡Que vuelvan las Gorditas queridas, que las necesita su pueblo!
__¡Aquí estamos!__ contestaron finalmente las mellizas, corriendo por entre las viñas, apoyándose una en la otra para seguir adelante y firmar los documentos del nuevo gobierno. ¿Qué había sucedido? Las pobres mellizas, preparándose para el concurso, habían decidido ponerse a régimen tan severo que se habían desmayado. Estaban tan débiles que ya no tenían voz para cantar.
A partir de ese día, las diez hijas de la reina, y todas las mujeres del reino, dejaron de hacer dieta. Esto no quiere decir que ya no hubo problemas, sino que sabiamente decidieron que eran un reino de cantores, de gritones y poetas, en fin, de gente feliz con grandes vozarrones. Y para cantar libremente se necesita comer bien.

…………………………………..

Publicado originalmente en Talla G Antología poética: Poesía y prosa para luchar contra los trastornos alimenticios. Coordinado por Yolanda Sáenz de Tejada Vázquez y Noemí Trujillo. 2011 Lalunaesmía Editoras, C/Pimpinela, 7 Linares, 23700 Jaén, España

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s